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La noche antes de la cita prácticamente no pude dormir, a pesar de haberme acostado cerca de la una de la madrugada, cada vez vez que conseguía conciliar el sueno, nuevas pesadillas acudían a mí, cuando por fín llegó la hora de la entrevista con el psicólogo acudí a ella como una sonámbula, aún hoy no recuerdo de cómo hice para llegar al consultorio, estaba totalmente embotada tanto por la falta de sueno como por las pesadillas que tuve esa noche.